La política de inversión y la estructura jurídica son la parte fácil. Lo difícil es que, dentro de veinte años, la familia siga siendo capaz de tomar decisiones conjuntas sobre ambas.
Por qué el gobierno es una cuestión de sistema operativo, no un asunto «blando»
El patrimonio que llega en una generación y sobrevive hasta la tercera es un patrimonio que ha sido gobernado. Toda decisión recurrente —qué se invierte, qué se distribuye, quién se sienta en el patronato de la fundación o qué ocurre cuando un familiar discrepa del consenso— funciona según un sistema acordado o según quién haya presionado más en la última conversación.
El primer modelo sobrevive a las transiciones generacionales. El segundo no.
No creemos en constituciones de plantilla ni en marcos de gobierno prefabricados. Cada familia con la que trabajamos escribe el suyo, despacio, con cuidado y mediante conversaciones reales. Precisamente por eso el documento resulta vinculante cuando importa.